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viernes, 17 de julio de 2015

Tarea Sesión 12 - Jornada VI, Evaluación y nivel de competencia

Si la orquesta suena bien...
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Admiro desde muy pequeña las grandes orquestas y sus destacados maestros. Ese mundo me ha fascinado y hubiera querido pertenecer al mundo de la lírica. Pero aclaro que también me fascinan las orquestas de cámara.
La reflexión sobre la evaluación me trajo a la mente la imagen de una orquesta, con todos sus músicos y cada uno con su instrumento sea de viento madera, viento metal, percusión o cuerda. Cuánta preparación y cuántos  ensayos para llegar al gran día en el que dan muestra de todas sus habilidades y competencias frente al público exigente. Para mí el día del espectáculo es significado de dar lo mejor de cada uno: músicos, director e instrumentos, pero también el teatro y sus colaboradores. Para ello, para ese gran día el maestro previamente ha debido seguir a cada uno personalmente con ese intercambio rico de opiniones, de talentos, de errores, de enseñanza y aprendizaje, pero a la vez hacer “funcionar” al grupo, para que el resultado sea armonioso, delicado cuando necesario y fuerte según el ritmo en una determinada interpretación que vayan a ejecutar. Todo ello puede tener lugar en una orquesta prestigiosa (más allá de su extensión) si hay amor por la profesión se siente, hay pasión y otros sentimientos, pero también hay carisma, empatía, innovación y humildad, si ante todo humildad para permitir ese maravilloso milagro de la retroalimentación de enseñar a aprender y de aprender a enseñar.
El maestro -director de la orquesta- cumple con una función clave en la orquesta, e incluso de la formación musical. El director es una persona que no sólo mantiene el tiempo de la pieza y da las entradas de los instrumentos para que la interpretación sea coherente, sino que debe interpretar la partitura según el concepto “global”, manteniéndose fiel al espíritu original de la obra pero dando una visión personal. Para conseguirlo, debe conocer en profundidad la vida y obra de los compositores y debe obligatoriamente conocer bien a “sus” músicos y sus instrumentos, ellos podrán dar lo mejor si han sido motivados, si se los ha sabido “oír y escuchar”.
Cada sección de la orquesta tiene una colocación determinada de 15 tipos de instrumentos que será normalizada por la potencia sonora de los instrumentos. Así, los instrumentos de cuerda se sitúan al frente, de más agudo a más grave, detrás se colocan los instrumentos de viento, primero madera y luego metal, y al final se colocan los instrumentos de percusión y el piano.
De estos instrumentos, hay muchos que son el corazón de la orquesta y nunca se renuncia a ellos, y otros que son auxiliares y no siempre aparecen en la orquesta, pese a ser parte del modelo estándar. Por ejemplo, los violines son imprescindibles pero el piano no siempre se encuentra.
Estos instrumentos son como los elementos presentes en el aula, de los cuales nos vamos a servir para preparar primero el terreno con situaciones de aprendizaje que reporten veracidad, para que el alumno se sienta parte de él, y juntos elaboremos el mejor método de evaluación contando para ello con datos que hemos ido recogiendo durante las clases.  Cuando construimos el método que se adecue a nuestra clase, a veces dejamos afuera los “instrumentos del modelo estándar” y es necesario, como en una buena orquesta, tener en cuenta lo necesario, lo imprescindible y lo innecesario.
En determinados momentos llevaremos a cabo “evaluación en grupo o individual utilizando la autoevaluación” con contextos verosímiles que puedan ser lo más cercano a la realidad, permitiendo con una buena frecuencia la práctica de las buenas situaciones examinadoras, de esas que enriquecen al grupo de alumnos y al docente durante su proceso, y nos permitan “registrar” los cambios de conductas y rendimientos, mediante el cual verificamos los logros adquiridos en función de los objetivos propuestos. Por ello, la Evaluación adquiere sentido en la medida que compruebe la eficacia y posibilite el perfeccionamiento de la acción docente.
Puedo decir que siguiendo los enlaces propuestos de las sesiones de Evaluación, he aprendido muchísimo, y me he dado cuenta que un elemento clave de la concepción actual de la evaluación: es no evaluar por evaluar, sino para mejorar los programas, la organización de las tareas y la transferencia a una más eficiente selección metodológica. Seguramente el modo en el cual nuestros alumnos se preparen, dependerá de cómo sea nuestro modo de evaluar (Carles Monereo).


Estos párrafos se pueden resumir en este concepto:
“Creo que debemos alejarnos de las pruebas y de las correlaciones entre pruebas, y buscar fuentes de información más naturales sobre cómo desarrollan las personas las habilidades importantes para su modo de vida”. (Howard Gardner)
Está claro que debemos distinguir la evaluación de la calificación, pero con ambas debemos evitar caer en la “comodidad” de que dependan de un solo instrumento o técnica de evaluación porque de esta manera únicamente se mide un tipo de aprendizaje. Si en el plan de trabajo el profesor diseña diferentes objetivos se deben medir los aprendizajes logrados en cada uno de ellos por medio de la técnica que le corresponda. Todo esfuerzo realizado por el alumno durante el curso como resultado de las actividades de aprendizaje debe ser parte de la evaluación.
Ya he escrito acerca de los objetivos principales de la evaluación: cumplimiento de  objetivos para detectar posibles fallas en el proceso y superarlas y, el segundo, propiciar la reflexión de los alumnos en torno a su propio proceso de aprendizaje. Para lograr estos objetivos la evaluación debe ser participativa –que los alumnos participen en ella. Completa –debe abarcar todos los pasos importantes del proceso enseñanza–aprendizaje. Continua –a lo largo del curso– no debe dejarse para el final del mismo.


Es fundamental considerar que la evaluación es un proceso de aprendizaje tanto para los alumnos como para los profesores y la institución.


Entonces, cuando debamos decidir cómo evaluar tendremos en cuenta: el enfoque educativo, el tema, la finalidad, el alumno y nuestro estilo de enseñanza, teniendo en cuenta que estamos realizando una etapa  muy importante del aprendizaje y que debemos tomarla como un acto de conciencia por parte de nosotros los docentes. En esta toma de conciencia podemos ayudar a nuestros alumnos a cambiar ese concepto negativo (miedo o apatía) que se tiene por la palabra evaluación  (y palabras similares: examen, test, prueba, verificación, medición), lo que en definitiva quiero decir es que en este proceso de enseñanza aprendizaje me voy a apoyar también en los procedimientos y actitudes del alumno, es decir, lo que él hace con ese saber (saber hacer). En la actualidad se está usando mucho un instrumento educativo: el portafolio del alumno (habitualmente desarrollado a través de un blog) que es una buena herramienta de aprendizaje, reflexión y autoevaluación. Puedo decirlo por experiencia personal, que me ha resultado un aliado a la hora de tener que “exprimir” mis neuronas para producir las tareas del curso VCFBELE, para las cuales a priori había sido muy motivada.
Para finalizar, creo que como docentes, formamos parte de este proceso enseñanza-aprendizaje y es indiscutible que nuestra intervención determina el logro que tienen nuestros alumnos, por eso debemos ser conscientes, que al evaluar a nuestros alumnos nos evaluamos a nosotros mismos, en la facilitación que proporcionamos para que conocieran y aprendieran a hacer.

Aquí dejo un deleite para el alma.
Plácido   Domingo, José Carreras, Luciano Pavarotti: interpretando
“Nessun Dorma”, Turandot



martes, 16 de junio de 2015

Tarea Sesion 3 y 4 - Jornada II -Los contenidos lingüísticos y el lugar de la gramática


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La gramática en el proceso de enseñanza-aprendizaje de ELE
 
El estudiante de español como lengua extranjera enfrenta el estudio de la gramática.
La enseñanza de la gramática es clave y primordial en el proceso de aprendizaje de una lengua extranjera. Sin gramática podemos comunicar penosamente, y si lo hacemos no será de una forma muy correcta y concreta. En todo proceso de enseñanza-aprendizaje de una lengua extranjera nos encontramos con dos puntos fundamentales: la precisión y la fluidez. Probablemente se pueda alcanzar una cierta fluidez sin un gran conocimiento de la gramática, podríamos hacernos entender incluso cometiendo significativos errores de gramática, al contrario, para lo primero sí tenemos que poseer un buen nivel de gramática.
En mi experiencia como estudiante de una L2 he notado el lugar importante que han otorgado los profesores a la gramática en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la lengua extranjera. Sin embargo, en algunas situaciones se ha producido un abuso de la gramática y un mal uso de la misma, ya que no basta una formación lingüística para ser profesor de LE, se necesita también una formación didáctica y pedagógica, para saber adaptar los contenidos gramaticales a nuestros alumnos.
Considero que para que se de un buen proceso de enseñanza-aprendizaje de ELE –poniendo atención en “enseñar a aprender”-  el profesional de la enseñanza, debería poseer  sólidos conocimientos gramaticales, de tal modo que le permitan transmitir a los alumnos de manera sencilla y práctica, de forma veraz y elocuente,  la explicación gramatical de la mejor manera posible y aplicada a los objetivos de la comunicación evitando toda posible inducción al error.
La gramática del profesor es una herramienta útil y necesaria para la práctica docente diaria de ELE, sobre todo y a mi entender,  aquello que es útil al estudiante (únicamente los aspectos gramaticales útiles y necesarios para un estudiante no nativo) además de ciertas técnicas y habilidades didácticas.
Me permito expresar que  la gramática es una disciplina que estudia los elementos de una lengua y sus posibles y diferentes combinaciones, y es ayudada para su comprensión, significado e interpretación por la fonología y fonética, la morfología, la sintaxis y la lexicología.
Independientemente de la definición que adoptemos de gramática, lo que sí está claro es que ésta se ocupa de muchos aspectos de nuestra labor como profesores de ELE. Por lo tanto, el profesor debe buscar información y trabajar con las diferentes gramáticas que existen: tradicional, comparada, estructural, generativa, histórica o descriptiva.
Evidentemente no basta con conocer gramática, hay que saber cómo enseñar gramática. El profesor de ELE debe tener el conocimiento y la formación precisa para decidir qué contenidos tiene que enseñar, cómo, cuándo y por qué, además de saber evaluarlos. Este conocimiento le llega a través de la formación específica en didáctica de lenguas extranjeras y a través de la experiencia. Pero además, actualmente los profesores cuentan con otros recursos útiles, como las gramáticas para estudiantes de ELE, los estudios específicos de didáctica de gramática destinados a profesores y los manuales de ELE, por citar sólo algunas posibilidades.
Entonces se puede afirmar que:
- el papel de la gramática en la enseñanza-aprendizaje de ELE es algo fundamental.
- la competencia gramatical es primordial para aprender un uso correcto de la lengua.
Ahora bien, podría concluir que el profesor de ELE no debería enseñar la gramática como un fin, sino como un medio, una herramienta para que sus alumnos alcancen una competencia comunicativa.  No se trata por lo tanto de enseñar gramática, sino de utilizar la gramática para enseñar a comunicarse en español.


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